Marc-Antoine Collard
Chief Economist – Director of macroeconomic research
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La pandemia de Covid-19 provocó una recesión mundial sincronizada de proporciones históricas. Sin embargo, las medidas de apoyo presupuestario sin precedentes permitieron amortiguar el impacto sanitario, mientras que las políticas monetarias también resultaron clave, gracias a unas medidas rápidas y, en algunos casos, innovadoras que permitieron aumentar la oferta de liquidez y limitar el aumento de los costes de endeudamiento.
La recuperación económica mundial está siendo desigual, sobre todo entre la actividad manufacturera y la de los servicios, pues pocas veces en el pasado hemos visto una diferencia tan evidente en detrimento de esta última. En efecto, la reacción para ralentizar la transmisión del virus, junto con los cambios de comportamiento, se tradujo en una fuerte caída de la actividad en los sectores basados en la interacción social, especialmente en el comercio minorista, la hostelería, la restauración y los espectáculos.
Por otra parte, la divergencia entre China y el resto del mundo ―«primeros en entrar, primeros en salir»― resulta sorprendente. En Europa, la primera ola llegó en marzo, seguido de una segunda ola a partir del mes de octubre, lo que se traducirá en una recaída del PIB en el cuarto trimestre. En Estados Unidos, la gestión sanitaria caótica de la Administración Trump también dejará su huella en la actividad económica. Por el contrario, la situación en China continúa mejorando.
Sin embargo, el pesimismo que podría provocar el retroceso del PIB previsto a finales de este año se ha visto eclipsado por la esperanza relacionado con el hallazgo de una vacuna segura y eficaz. La investigación se ha desarrollado a un ritmo récord y algunos proyectos podrían ser aprobados próximamente por las autoridades sanitarias públicas. Aunque se trata indudablemente de una buena noticia, la crisis dejará cicatrices que podrían provocar importantes daños en el crecimiento potencial del PIB en varios países. En efecto, la teoría económica establece una relación positiva entre el comercio internacional y la productividad, pues la apertura de una economía al comercio se relaciona con un aumento de la productividad. Se espera que el comercio internacional disminuya más de un 10% en 2020, un hundimiento similar al registrado durante la crisis financiera de 2009 y una debilidad que podría prolongarse, principalmente como reflejo de cambios estructurales en las cadenas de valor de las empresas, al relocalizar partes de su producción para reducir su aparente dependencia de sus proveedores extranjeros.
Además, en los años anteriores a la pandemia, la relativa debilidad del crecimiento de la inversión empresarial y la modesta mejora del capital humano fueron factores que debilitaron la productividad global en varias economías. Para mantener el acceso al crédito, los gobiernos y algunos bancos centrales han tomado numerosas medidas recientemente. Así, las empresas han aprovechado las condiciones de financiación sumamente favorables para aumentar sus emisiones de renta fija y su endeudamiento con los bancos, para hacer frente a la escasez de liquidez y acumular reservas de tesorería preventivas. Sin embargo, este nuevo aumento del endeudamiento del sector privado se suma a unos niveles de deuda ya de por sí altos, lo que podría provocar un deterioro de la productividad al reducirse la capacidad de las empresas para invertir.
La deuda pública también se ha disparado en los últimos meses y podría alcanzar el nivel histórico del 100% del PIB en 2020. Aunque las perspectivas de unos tipos de interés bajos durante mucho tiempo podrían ayudar a aliviar la carga de la deuda, el endeudamiento de los estados supone un desafío importante, sobre todo si la caída del crecimiento potencial conlleva una reducción de la base fiscal que complique el pago de la deuda pública.
Además, las desigualdades probablemente aumentarán, ya que la crisis económica ha afectado de forma desproporcionada al trabajo de jóvenes, mujeres y personas con pocos estudios. El cierre de los colegios supone un problema adicional que puede afectar gravemente a la formación de capital humano.
En resumen, a pesar del tropiezo de fin de año, la senda de la recuperación económica se vislumbra, gracias a la capacidad de reacción de los poderes públicos y el duro trabajo de los científicos. Sin embargo, más allá de su impacto económico manifiesto, la crisis sanitaria podría tener efectos socioeconómicos persistentes, reduciendo las perspectivas de crecimiento a largo plazo. ■

(1) Sources: WTO, November 2020. (2) Sources: IMF, November 2020.
Fecha de redacción final: 23 de noviembre de 2020.